Diario de  Torremolinos
22/10/2018

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¿Está España preparada para tener una Presidenta de Gobierno?

31-07-2018
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Actualidad Noticias ¿Está España preparada para tener una Presidenta de Gobierno?
La respuesta es no y nada tiene que ver con la capacitación o con las aptitudes de cada género sino en una mera cuestión de minusvalorar las potencialidades. Todavía hablamos de las "súper mamis", mujeres que son capaces de administrar el hogar, de lograr la conciliación laboral y familiar y dedicarle a sus hijos el preciado tiempo quitándoselo a unas mismas. Y es que por una mera cuestión de identidad cultural, heredada desde hace siglos, a la mujer se le atribuyen unas cualidades innatas que están asociadas al restrictivo ámbito familiar. La incorporación de la mujer al ámbito laboral es una cuestión relativamente reciente en la sociedad moderna, apenas se habla de ellos desde hace un siglo y eso solo en los países desarrollados.

Lo hemos visto en las pasadas elecciones primarias del Partido Popular, al margen de los ideales programáticos y de las propuestas de cada contendiente, Pablo Casado derrotó a Soraya Sáenz de Santamaría por un ajustado margen y la pregunta que queda en el aire es ¿está el PP preparado una mujer asuma el control de la formación?

No nos mintamos, por mucho que los partidos políticos se empeñen en confeccionar listas paritarias, la paridad es de momento irreal e incluso no haría falta, si la sociedad fuera justa y equitativa, de hablar de este tema. En vez de nombrar géneros, diríamos personas, en su conjunto, sin etiquetas que definan su sexualidad, sin distinciones.

Los datos recogidos por un informe publicado en El País en 2017, con motivo del Día Internacional de la Mujer, son demoledores: En el mundo, 57 países han tenido en algún momento de su historia a una mujer como primera ministra o como presidenta. En 20 de ellos una mandataria ha ocupado ambos cargos, en ocho solo el de presidenta y en 29 solo el de jefa del Ejecutivo que fueron elegidas por sufragio democrático o en elección parlamentaria y no se han tenido en cuenta las reinas, las mujeres que ocuparon el cargo de manera interina o en contextos claramente no democráticos.

Pero es que en el ámbito laboral el panorama tampoco es alentador: solo uno de cada tres ejecutivos en Europa es una mujer, y esa mujer suele ganar solo el 75% del sueldo que ganan los hombres, así lo dice Eurostat, la agencia estadística de la Unión. En el caso de España el porcentaje de mujeres en cargos directivos asciende al 37%. Son algo más de 76.000 directivas, de un total de unos 208.000 puestos ejecutivos pero siguen persistiendo las barreras que impiden la igualdad de sexos, según denuncia el Libro Blanco sobre el futuro de la UE. Pese a que las mujeres representan aproximadamente la mitad de las personas con empleo en la UE, siguen infrarrepresentadas (y tienen salarios sensiblemente más bajos) en los consejos de administración.

Muchas de nosotras debemos superar el "síndrome de niña buena" de una educación que nos programa para agradar a todo hijo de vecino para sentirnos queridas y valoradas cuando lo que nosotras queremos tiene el mismo valor que cualquier otra necesidad, sea la pareja, los hijos, el jefe, los compañeros o el dinero. Debemos ganar en visibilidad. Por ello, el camino del liderazgo personal sea en una empresa, en una familia o en el servicio público requiere dosis de atrevimiento y, eso se traduce en aprender a “vender” nuestro trabajo.

La máxima de Sheryl Sandberg, la poderosa directora financiera de Facebook es: “A los hombres se les contrata por las expectativas y a las mujeres por los resultados”. Por eso, debes convertir a tu familia en tus "aliados" y, sobre todo, aprender a olvidarnos del sentimiento de culpa por no estar a la altura, por no ser mejor madre y profesional, por no estar más tiempo con la pareja...

No estamos hablando de machismo o de feminismo o de que la mujer sea superior a otro género sino que, de una vez por todas, nosotras nos quitemos la capa de súperheroínas, dejemos de minusvalorarnos y que ocupemos el lugar que nos corresponde como actoras activas del progreso social.
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